Las mismas caras aburridas
Doctor.
Y escucho soul;
bebo licor café como me dijo.
Isaac Hayes,
Aretha,
Rúa vieja.
Y lo peor es que ese aburrimiento,
el de las caras
Doctor,
me invade por dentro.
Incluso las sopas calientes por la noche.
Lo del té;
nada y nada de nada.
Y Mary Jane,
que ya no consuela,
quiere saber de mí a todas horas.
No sé D.
Mi poesía es tan cambiante:
luces que crecen Vs la eterna oscuridad.
Tan sencillo o tan altivo.
Como lo del viejo estanque
al saltar la rana.
Chof y TODO cambia.
¿Qué hago D.?
Digo:
Muere el día
en el mar
en que mi corazón
se ahoga.
O salto, salto, salto y salto,
y así hasta salir.
Como lo de las ranas
en un bowl de leche.
Hacer nata con sus patitas
o desistir y ahogarse.
DIGAMEDE.
5 comentarios:
22 de noviembre de 2009 07:42
Todo cambia, no sólo la poesía, que, como un espejo, se limita a reflejar los cambios.
Será lo sabio de cada uno lo que permita asimilar (o no) esos cambios.
Bico!
22 de noviembre de 2009 09:05
Yo sifuera ese doctor te diri que saltaras hasta salir.
Besazos
22 de noviembre de 2009 15:25
Yo que las ranitas, decidiría mover las patitas hasta montar la nata y luego chupetearla directamente de los muslitos de otra rana, y si me ahogo, pues vale, pero que sea en dulzura.
Besitos
24 de noviembre de 2009 11:02
jajaja
aunque aquí hay bastante tela que cortar yo iba a decir algo de la ranita, pero claro, después de Narci ¿qué voy a decir?
ha estado sembrá la puñetera con ese comentario, jajaja
...a ver a ver...
Muere el día
en el mar
en que mi corazón
se ahoga
esto es precioso, me encanta
28 de noviembre de 2009 14:03
es curioso, porque me quedo como esa ranilla: ¿desisto o me ahogo en estas letras?
a fin de cuentas, D., es bueno aprender a nadar en leche
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