despistadamente desorientado

El otro día, sin darme apenas cuenta, me vi en Babia hablando con una musaraña sobre temas intranscendentes. Comentábamos lo lejos que queda la luna; ninguno de los dos creemos que hayan llegado todavía; traerían una piedra o algo para demostrarlo.
Después, le presente a la dama de mis sueños y el grillo de mi cabeza… cuando ya teníamos confianza, mientras jugábamos los cuatro, brincando en corro, ella con una orquídea prendida en la oreja, con sus cabellos bailando con el aire, su amplia sonrisa, me dieron un toque de atención: ¡Ey! ¡Fito! ¡Que estas aplatanado! a lo que respondí: ¿Perdona? ¿Decías?

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