¡CHOF!

El mar aquel día no era el mismo de siempre. Yo, llevaba una semana esperando este día, un día que ni siquiera había elegido. Un día que se designó en base a las previsiones climatológicas, en pleno consenso entre el satélite meteosat y el chaman de la aldea. O eso creía yo.
-Lo más importante para estas travesías es el estado del mar; que no esté picado, que este tan calmado como el único estanque que hay en este lugar, me venía diciendo.
Pero todo era mentira. No se había prestado atención a las previsiones. Nos mandaban al mar sin importarles las consecuencias. A ellos les daban igual nuestras vidas. Solo querían los cien euros que cobraban por un viaje tan alentador para algunos, como yo, quienes restábamos importancia a la vida ante tal objetivo; una nueva vida.

Lo del mar ese día no era normal.

-Partiremos de madrugada y la cosa estará más calmada, decía el capitán del cayuco.

Bueno, no os hable de mí; Tengo diez años, me llamo Rach, mi madre fue torturada y asesinada por los salvajes y mi padre se unió a ellos por miedo. Nunca lo perdonaré. Me escape del campamento salvaje, anduve desiertos, selvas, cruce ríos, escapando de mi país, alejándome del dolor que me generaba todo aquello. Escapé de todo y ahora me entero que hay otro mundo al otro lado de este estrecho. Tuve que prostituirme para conseguir estos cien euros que dicen me cambiarán la vida.

Son las doce de la noche y empiezan a llegar grupos de gente para el viaje. Yo estoy solo. Y no me moví de esta playa en todo el día. No deje de contemplar la furia que hoy tiene el mar. -Dios mío, como va a entrar toda esta gente en esta barca.
No tuve tiempo casi de pensarlo. Estaba a la hora de partir (la dos de la madrugada) como en una nube hecha por el salitre del mar, y me vi en aquel cayuco, rodeado de gente que no conocía, con caras que no transmitían ninguna parsimonia.
El mar se terminó de volver loco cuando yo ya no tenía noción de la hora que era. Supuse que quedaría poco para llegar al nuevo mundo. Me acurruque como pude entre las piernas de un grupo de desconocidos. El cayuco comenzó a tragar agua. Hubo que restar peso a la embarcación. Se empezó a tirar comida, bebida, equipajes; todo por la borda. Aquello seguía tragando agua y la gente, los grupos de gente, se volvían locos contagiados por el mar. Tiraron a un hombre por la borda. Note como las piernas en las que me acurrucaba intentaban ocultarme, incluso me taparon con un plástico negro.

-¿Qué lleváis ahí?
- ¿aquí? aquí no hay nada.
-¿qué escondéis tras ese plástico?
-le he dicho que nada capitán. Es un simple plástico capitán. Miré…

Voz en off: El capitán responde golpeando el cuerpo de un par de esas piernas que lo ocultaban. Coge el plástico como si de un paquete se tratase.

- con que nada eh, pues para no ser nada pesa lo suyo este bulto.
-¡Qué hace capitán!
¡NO!

¡Chof!

1 comentarios:

  A do outro lado da xanela

31 de marzo de 2008, 15:07

...

ay... pelos de punta...

...y lo jodido es que no es ficción.

Gracias por no olvidar que hay vida más allá de nuestras cálidas trincheras.

Un abrazo!