al campo

Estoy deseando volver al campo, cambiar ruido por el susurro del viento. Cambiar de aires. Que no me piten en la oreja, ni me graben con sus cámaras, ni andar bajo tierra. Allí donde la montaña es vieja.
Me encontrarás tumbado entre los helechos, mirando el cimborio de los pinos y las grutas del alcornoque. Seguramente este escuchando como canta el agua de aquel riachuelo, suspirando.
¡Mira! Una mariposa. ¿Donde se posará ahora? Apuesto que en aquella flor tan hermosa. Es una campanilla. De color violeta. Se llama “ipomoea purpurea”.
Detrás; el blanco y verde de los tojos, el amarillo de la mimosa, el rojo y el negro de aquel racimo de moras.
Solo faltará el culmen para llegar al arrobo, y sonarán las campanas de San Benito:
¡dom!, una, ¡dom!, dos, ¡dom!, ¡éxtasis! No importa la hora. Me iré del monte cuando anochezca, cuando lleguen a jugar los murciélagos, con la compañía, que abruma, de esa familia de jabalís.
¡Caramba mira!, un lagarto.

2 comentarios:

  A do outro lado da xanela

10 de marzo de 2008, 6:13

Me has contagiado las ganas de ir al campo, tirarme en un prado, cerrar los ojos y dejar que el tiempo pase lejos de los atascos, los ruidos y las prisas.

Simpre procuro hacerlo cuando tengo tiempo, para recordar que hay otros lugares en los que el pulso del mundo late a un ritmo diferente.

Un saludo

  Argonauta

12 de marzo de 2008, 3:10

Mi primera excursión a tu montaña me ha parecido original e interesante. Como este último post, una breve fuga hacia la calma.

Saludos desde el Mediterráneo.