la verdad es tirerra

En ese pedazo de tierra que pisan sus pies estaba él, de eso estaba totalmente seguro. Mirando hacía el empeine de su pie izquierdo, contemplativo, cavilaba que tal vez fuese la única certeza ante la que se hallaba. Entonces, dijo: - un solo paso, y cambia nuestra verdad, pues nosotros mismos somos ese pedazo de tierra al que oprimimos-.
Estaba totalmente seguro que ese pedazo de tierra, pese a que no lo veía, estaba ahí, debajo de su pie. Levantaba y volvía a bajar su pierna y el pedazo de tierra seguía estando allí. Así que dijo: -la tierra que pisas sin duda es de quien más te puedes fiar-.
-Más aun si ya la has pisado en muchas otras ocasiones-, agrego.
Paso nuestro amigo un buen rato dándole vueltas a su única certeza, razonado sobre la cohesión entre la verdad y una simple pisada. Si quieren que suene mejor, entre el aire y la tierra, la ocupación y el vació. Calló entonces en que cuanto más contacto mantuviera con la tierra más cerca estaría de la verdad, y que la verdad simplemente era estar, porque ¿que era una pisada en un pedazo de suelo sino el estar ahí, en ese mismo pedazo de suelo? Así que se tumbó, no sin antes elegir el terreno que a su ver era el más adecuado; el más húmedo, un lugar donde aprovechar la luz solar, rico en nutrientes, ventilado…, y dijo: - cultivaré la verdad en mí con este terreno que he elegido, y la verdad empieza en que estoy aquí-.
Pasaron los días, se alimentaba de quien intentaba estar donde estaba él. Solían ser bichos y les decía: - yo estoy aquí-. De repente abrió los ojos como nunca lo había hecho antes y dijo: - ya lo tengo, la verdad será mía cuando renazca-. Sin perder el contacto con la tierra, con la verdad, se dispuso a cavar un hoyo, se metió, y esperó a ser tapado por las montañas de tierra que había dejado alrededor. El aire se encargo.

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