Ser o contener

No soy más que un contenedor lleno de esponjas que aun con tanta mierda no se cansa de chupar, que reza por el día que sólo tiren en él,
papel pá reciclar.

Cuestión de edad

No debo ser acto para mi edad,
pues, de verdad, que no he catado
mujer desde la pubertad,
que no estuviera hecha una dama,
o fuera señora ya.

No gustan de mí las mozuelas,
algunas, incluso me miran mal,
y yo muero por tenerlas
a todas, en botellitas de cristal,
para así, coleccionarlas.

Pero por la contra: ¡otra señora!
de esas locas de cuarenta idos.
-Eres muy guapote; dice la fiera.
Será que le gustan mis párpados caídos,
o serán otras cosas.

Más bien me maltrata,
llevándome al baño con prisa.
Nunca me dice que me ama;
sólo alaba mi sonrisa
y me dice: fóllame macarra.

Y la última, de cincuenta idos,
impensable viendo mujer tan hermosa,
parecía un regalo de dios,
con labios pintados y minifalda rosa,
cuan maravillosa.

No dejaba de mirarme, lasciva.
¿Sus labios? sobre una copa bien fría.
¿Y yo? con mirada esquiva,
pues a mi ver; era una puta cría.
Menuda desdicha la mía.

Evolución Familiar

Tratándose de tan turbio asunto, en su día causa de deshonor en familias pudientes como la suya, optaron los patriarcas de esta por mantenerlo en secreto, aun a sabiendas del interés que despertaban los enigmas de la clase alta entre la plebe. Tras dar orden a los responsables de seguridad de no ser molestados bajo ningún concepto hasta nuevo aviso, comenzaron diversas reuniones entre los miembros de la familia: primero los mayores, luego las mujeres, más tarde los hombres, mientras los niños comentaban preocupados la situación, luego los jóvenes, siempre algo más objetivos, y ya por último todos juntos en la mesa centrada en el salón. Había quien se escandalizaba, entre los que se encontraba el tío Prefeuto. Sin embargo la mayoría de las mujeres, jóvenes y sobre todo los niños, hartos ya de estar encerrados en casa con tanto coloquio, defendían la clemencia para la acusada, pues solo se trataba de otra cría. En un ataque de locura, el tío Prefeuto, afirmo taxativamente: -nunca se ha permitido tal comportamiento en esta familia. Lo cual ratificó dándose media vuelta y abandonando el salón. Se quedaron los demás en un silencio, burlado tan sólo por el péndulo del reloj, en el que se respiraba renovación y a la vez pena por dejar a otros atrás. Había que aceptar los errores aun teniéndolos por costumbre. Entonces, alguno de los más mayores agachó la cabeza, sonrojado, como aceptando... A lo que pronto respondió el benjamín de los niños: -esto no se trata de una derrota, ni siquiera para ustedes. Simplemente no es justo decidir la vida que Sara debe llevar, y mucho menos con quién ha de compartirla, pese ha preferir ella personas de bajos recursos.

la verdad es tirerra

En ese pedazo de tierra que pisan sus pies estaba él, de eso estaba totalmente seguro. Mirando hacía el empeine de su pie izquierdo, contemplativo, cavilaba que tal vez fuese la única certeza ante la que se hallaba. Entonces, dijo: - un solo paso, y cambia nuestra verdad, pues nosotros mismos somos ese pedazo de tierra al que oprimimos-.
Estaba totalmente seguro que ese pedazo de tierra, pese a que no lo veía, estaba ahí, debajo de su pie. Levantaba y volvía a bajar su pierna y el pedazo de tierra seguía estando allí. Así que dijo: -la tierra que pisas sin duda es de quien más te puedes fiar-.
-Más aun si ya la has pisado en muchas otras ocasiones-, agrego.
Paso nuestro amigo un buen rato dándole vueltas a su única certeza, razonado sobre la cohesión entre la verdad y una simple pisada. Si quieren que suene mejor, entre el aire y la tierra, la ocupación y el vació. Calló entonces en que cuanto más contacto mantuviera con la tierra más cerca estaría de la verdad, y que la verdad simplemente era estar, porque ¿que era una pisada en un pedazo de suelo sino el estar ahí, en ese mismo pedazo de suelo? Así que se tumbó, no sin antes elegir el terreno que a su ver era el más adecuado; el más húmedo, un lugar donde aprovechar la luz solar, rico en nutrientes, ventilado…, y dijo: - cultivaré la verdad en mí con este terreno que he elegido, y la verdad empieza en que estoy aquí-.
Pasaron los días, se alimentaba de quien intentaba estar donde estaba él. Solían ser bichos y les decía: - yo estoy aquí-. De repente abrió los ojos como nunca lo había hecho antes y dijo: - ya lo tengo, la verdad será mía cuando renazca-. Sin perder el contacto con la tierra, con la verdad, se dispuso a cavar un hoyo, se metió, y esperó a ser tapado por las montañas de tierra que había dejado alrededor. El aire se encargo.

prócer día

Ese día me sentí tan grande. Pese a mi pequeñez de otros días, me sentí abrumadoramente grande.
Me levante animado; con una amplia sonrisa que cubría toda mi cara; con una inspiración tan profunda que parecía querer empezar otra vida. Y al verme en el espejo que esta enfrente de mi cama, me sorprendió ese rostro tan hermoso y dije: - si es que soy grande.
No sabía si aquello era un delirio o que ¡no me ganaba ni Dios!, no se si eran formas o eran alardes, pero pese a todo, pese a mi pequeñez de otros días, yo era tan grande… Al final me daba igual si eran formas, no eran formas, o eran alardes y volvía a decir:
-es que soy tan grande.
Me acuerdo que ese día ni desayune. Para que si ya estaba completo, más bien ese día no hice nada, nada más que sentirme grande; me encontraba como en una nube, rodeado de aire, de aires de grandeza, una nube que me besaba los pies mientras los demás astros se morían de envidia y yo les gritaba: -¡Gloria para mí! ¡Oís! ¡Gloria! Y me reía pensando que habían aceptado su derrota. Y es que amigos ese día fui tan grande, grandísimo, vamos, el más grande.

subordinando

Nuestro querido amigo, cosa que nunca se le había ocurrido imaginar, menos aún con el paso de los años y la confianza que estos traen consigo, consiguió , mediante las suspicacia, cualidad que siempre le había acompañado, la perspicacia, y el buen uso de la meditación, tanto de día como de noche, darse cuenta, lo cual no le sería nada fácil de no ser por su persistencia, que podría compararse a la de un dios, no tanto por su bravura sino más bien por su inteligencia, que a su ver era deslumbrante, visión de la que solo unos pocos discernían, que había sido engañado.

Invasión hip-hop


Surcan los mares
con loros en el hombro
los rap-piratas

Destruyendo mi persona

Destruyendo mi persona igual que hice ayer,
agujeros de dolor perforan mis venas por todo lo inefable.
Una hora de tres mil seiscientos segundos parece más larga,
como un loco jugando con la pena de estar solo.

Una única estrella ¡lo único real! Hipocondríaco de sentidos por intentar
comprender… ¡Hoy yo seré tú!
Vengo con clavos en las manos, heridas de la historia:
Jesús, Hitler, María, Ghandi, ¡si pudiera deshacerme de todo!
¡Penetrar en mi estado más primitivo!

Traicionado de nuevo por mis ojos que reclaman la hegemonía de mi cuerpo.
Cual esponja. Empapado de heces y sudor. ¡Miedo y sufrimiento!
¡Te invoco Cro-Magnon! Salgamos juntos de la cueva sin ayuda de Platón.
Con las hurañas sombras que nos guíen.

No quiero exegetas ni clases de redacción ¡yo y yo, igual que tú!
No habrá vejez. Soñando con un mundo celta sin instrucción ni belleza.
¿Volver a empezar? ¿Cuidarme? Te haré daño, no consigo olvidar…
Bajo la lluvia dorada del descomunal miembro de ese dios,
anacoreta del infierno de pedro botero.

Haz.

Acostumbraba cerrar levemente los ojos dejando pasar ese haz de luz que se cuela entre los párpados. Disfrutaba plasmando puntos de luz en la oscuridad y jugaba a hacer figuras luminosas según la abertura de los ojos, siempre mínima, y el ángulo de incidencia de la claridad.
Pero últimamente se sentía cansado de tanta espera, tanta meditación. Demasiado tiempo con las rodillas clavadas en el suelo. Vale que su horóscopo chino fuese el buey; (¡el buey es lento al decidir su camino y no se si el mundo va a ser tan paciente!), pero debía perder el miedo al fracaso. No soportaba la idea de ser un simple espectador.
Pensaba en la esperanza como el sueño del hombre despierto y a la vez el peor de los males, pues la desesperación causa dolor. ¿Porque desear? Y se daba cuenta que peor sería su extinción.
Pese a todo luchó por triunfar. Fueron muy pocos los fracasos antes de ver su deseo satisfecho. Mereció la pena intentarlo y ahora gozaba de reconocimiento. Era como el culmen perfecto para tanto esfuerzo. Pronto su ánimo volvió a cambiar, la verdad no era muy estable, y ahora no veía nada a lo que esperar. Había pasado, había llegado la muerte de toda esperanza y no podía soportarlo. Sentía que no le hacía falta nada más.
Decidió entonces hacer su última meditación y en la oscuridad de la noche cerrada, cuando el postrero tren parte hacia Verín, clavo sus rodillas en la vía, y en su postura favorita, la de flor de loto, vislumbró el haz de luz más intenso y bello que jamás lograra percibir.