Oda a la muerte

Solo pienso en el día que me lleven volando,
los días no pasan, sobre todo esperé,
ángeles de Machín envueltos en oscuro llanto
tocando ya sus tambores fúnebres.

Como piedra, ser inerte, como lago,
donde la nada de verdad es nada,
desnudo de la esencia que hasta ahora me ha acompañado,
donde todo de verdad es nada.

Y el vacío se queda a un lado,
mi eidos se derrama por la tierra,
mi yo ya solo puede ser un pájaro cantando.

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